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Las perspectivas del ALCA. Reunión ministerial de Miami

Las perspectivas del ALCA. Reunión ministerial de Miami Por Dr. Carlos Alzugaray[1]

Después de un largo proceso de negociaciones, iniciado en 1994, hace ya nueve años, precisamente en la ciudad de Miami, por los Jefes de Estado y de Gobierno de 34 países de la región[2], los ministros encargados de pactar un Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) concluyeron un día antes de lo previsto lo que en algún momento se pudo suponer sería el segmento final de estos cabildeos.[3] Así, el 20 de noviembre vio la luz el documento titulado Declaración de la Octava Reunión Ministerial de Comercio.[4] Con este documento, que se caracteriza por su ambigüedad y falta de definiciones, los ministros reconocen de hecho lo difícil y complejo que resultará alcanzar la meta propuesta en la Tercera Cumbre de Québec en el 2001: asegurar “que las negociaciones del Acuerdo ALCA concluyan, a más tardar, en enero de 2005, para tratar de lograr su entrada en vigencia lo antes posible, y no más allá de diciembre de 2005.”[5]

Un primer aspecto a destacar de lo alcanzado en esta Octava Reunión Ministerial de Miami es que se reiteran varias apreciaciones de partida que son sumamente discutibles. Así, en su párrafo 5º se hacen dos afirmaciones que reflejan enorme cautela pero que no pueden sino recabar el mayor escepticismo.

Según los ministros, el ALCA persigue como “objetivo final” el “lograr un área de libre comercio e integración regional.” La equiparación mecanicista entre un tratado de liberalización comercial y un proyecto de integración regional es uno de los errores más comunes resultantes del pensamiento único que hegemoniza y homogeniza el proyecto neoliberal de globalización. La historia demuestra que el libre comercio no lleva necesariamente a la integración regional, que no existe una relación de continuidad entre un proceso y otro. Pero, en el caso del ALCA, y eso es de conocimiento común, de lo que se trata en las negociaciones no es de la liberalización del comercio, debido a los obstáculos insalvables que pone Estados Unidos a la eliminación de leyes anti-dumping o de subsidios a sus producciones agrícolas. De lo que se trata es de crear las condiciones para darle a las corporaciones transnacionales posibilidades más favorables para sus inversiones en los países de la región.

Pero los Ministros fueron aún más lejos, y en ese párrafo 5º declaran “que reafirman su compromiso con un ALCA comprehensivo y equilibrado que fomentará con la mayor eficacia el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, el desarrollo y la integración a través de la liberalización del comercio.” Como ha recordado Atilio Borón, las verdaderas intenciones de Estados Unidos con el ALCA fueron en su momento explicitadas por una persona bien autorizada para hacerlo, Colin Powell: “nuestro objetivo es garantizar para las empresas norteamericanas el control de un territorio que se extiende desde el Ártico hasta la Antártica y el libre acceso sin ninguna clase de obstáculo de nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio.”[6]

Sin embargo, debe reconocerse que detrás de la palabrería “oficial” de la Declaración, lo que se esconde es la profunda brecha que existe entre varios países de la región y Estados Unidos y la imposibilidad de llegar a un acuerdo que satisfaga a Washington. Así, los párrafos 6º y 7º lo expresan con total claridad (dentro de la habitual opacidad de estos documentos “diplomáticos”):

“6. Estamos conscientes de que el objetivo de las negociaciones debe ser un acuerdo equilibrado que aborde la cuestión de las diferencias en los niveles de desarrollo y tamaño de las economías del Hemisferio, mediante varias disposiciones y mecanismos.

“7. Tomando en cuenta y reconociendo los mandatos existentes, los Ministros reconocen que los países pueden asumir diferentes niveles de compromisos. Procuraremos desarrollar un conjunto común y equilibrado de derechos y obligaciones que sean aplicables a todos los países. Además, las negociaciones deberían permitir que los países que así lo decidan, dentro del ALCA, puedan acordar beneficios y obligaciones adicionales. Una posible línea de acción podría ser que estos países lleven a cabo negociaciones plurilaterales dentro del ALCA para definir las obligaciones en cada área respectiva.”

Lo que indican estas formulaciones es que la oposición de Venezuela, Brasil, Argentina y los pequeños países del Caribe hizo imposible a los negociadores norteamericanos alcanzar sus objetivos. Ya lo había advertido Laura Carlsen, especialista del Programa Americano del Consejo de Investigaciones Interhemisféricas en un artículo que se publicó en Internet el pasado 14 de noviembre, en el cual subrayó el nuevo clima existente en América Latina y el Caribe, recalcó la incapacidad del equipo negociador norteamericano encabezado por Robert Zoellick de aceptar soluciones de compromiso y el efecto positivo del éxito obtenido por los países subdesarrollados cuando lograron impedir la imposición de Estados Unidos y la Unión Europea en la reunión ministerial de la OMC en Cancún.[7]

Por supuesto, ninguno de los participantes en Miami estaba interesado en ofrecer un espectáculo como el acaecido en Cancún. De ahí que se buscara una salida que no diera la imagen de fracaso. Ello hubiera sido inaceptable para Washington. Tampoco convenía a Brasilia, cuyo gobierno sin duda ha jugado un papel de liderazgo. La idea de que Brasil y Estados Unidos presidieran este segmento a fin de que ambos tuvieran interés en llegar a algún acuerdo surtió el efecto buscado por sus propulsores, salvo que el acuerdo es más en lo que no se está de acuerdo que en lo que se está.

En Miami no se le pudieron quitar muchos corchetes al proyecto de acuerdo ya elaborado, lo que significa que si se eliminaran del texto las frases así marcadas, prácticamente no quedaría nada.

La Declaración ministerial permite llegar a todo tipo de conclusiones. Así, Alberto Acosta, del Diario Hoy, de Ecuador, escribió el 26 de noviembre: “Cumplida la reunión de ministros en Miami, por más que se diga lo contrario, el ALCA avanza. Más allá de las interpretaciones posibles sobre la cita ministerial, queda claro que la propuesta estadounidense de ‘libre’ comercio se mantiene. Hay un replanteo de los ritmos y quizás una consolidación de otras vías por demás conocidas, pero el rumbo no cambia.”

Sin embargo, quizás sea mejor interpretar los resultados de Miami examinando los planteos que se hacen desde la derecha. Así no puede dejarse de observar la amargura que destila la columna escrita por Andrés Oppenheimer en The Miami Herald del 23 de noviembre. El reputado comentarista de origen argentino afirmó sin ambages: “Los negociadores norteamericanos al diluir la Declaración de Miami para acomodar los planteamientos de Brasil sobre situaciones asimétricas, lograron que la administración Bush de hecho reviviera el proceso del ALCA, que parecía casi condenado al fracaso en los últimos meses.” [8]

No hay dudas de que Oppenheimer no hace más que “silbar en la oscuridad” ante un resultado tan dudoso como el obtenido en Miami.

Por cierto, uno de los asuntos que quedó pendiente y con pocas probabilidades de una decisión favorable a los anfitriones del cónclave, fue la sede de la eventual Secretaría del ALCA. En los meses que precedieron a la reunión ministerial, la alcaldía de la Miami, ciudad floridana conocida por su alta tasa de criminalidad y pobreza, y por la fuerte presencia de elementos cubano-americanos de ultraderecha en sus órganos de gobierno local, realizó una intensa labor de lobby para que se le otorgase tal sede. Con ese mismo fin desplegó un mecanismo de represión policial costosísimo a fin de evitar las manifestaciones de las distintas organizaciones de la sociedad civil transnacional que se oponen a acuerdos como el ALCA.[9] Cuál no sería su decepción al conocer que otras 9 ciudades, 5 de ellas norteamericanas, aspiran a este dudoso honor y que el asunto podría dirimirse más adelante en Puebla, Ciudad de Panamá o Puerto España, sedes de las próximas ministeriales y todas candidatas.

Los magros resultados de la reunión ministerial de Miami contrastan con las altisonantes Declaraciones de las Cumbres de la propia Miami (1994), Santiago de Chile (1998) y Quebec (2001). En el lado positivo queda el hecho de que Estados Unidos está aún bien lejos de concretar su proyecto de dominación por vía del Libre Comercio tal y como fue concebido por los Presidentes George W.H. Bush (cuando lanzó la Iniciativa de las Américas), William J. Clinton y George W. Bush en el ALCA. En el negativo, la falta de una estrategia común de enfrentamiento al proyecto. El devenir de los acontecimientos de aquí a 13 meses dirá el resultado. Por lo pronto, en distintos lugares de América Latina y el Caribe, los pueblos del continente comienzan ya a dar señales de que están conscientes de que la vía para superar la pobreza, el hambre y la desigualdad no es el “canto de sirenas” que nos viene del Norte.



La Habana, 1º de diciembre de 2003

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[1] Profesor Titular y Coordinador del Grupo de Estudios Estratégicos del Instituto Superior de Relaciones Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Correo electrónico: alzugarayc@minrex.gov.cu.

[2] Cuba no ha sido invitada a participar en estas deliberaciones y, por otra parte, ha manifestado claramente su desacuerdo con el proyecto.

[3] Las opiniones contenidas en este texto son propias del autor y no comprometen necesariamente ni al Gobierno ni al Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

[4] Véase Declaración en el sitio web del ALCA: http://www.ftaa-alca.org/Ministerials/Miami/declaration_s.asp.

[5] Véase Declaración en el sitio web del ALCA: http://www.ftaa-alca.org/ministerials/Quebec/declara_s.asp.

[6] Véase Atilio Borón, ‘ALCA: Del “Relato Oficial” a la Realidad. La culminación de un secular proyecto de dominación imperial cuyas raíces se hunden en la historia interamericana’, en http://www.alcaabajo.cu/sitio/alca/articulos/del_relato_oficial_28112.htm.

[7] Laura Carlsen, “US Unlikely to Achieve its FTAA Objective in Miami,” Americas Program, Silver City, NM: Interhemispheric Resource Center, November 14, 2003. Véase en la página web: http://www.americaspolicy.org/columns/amprog/2003/0311carlsen-op-ed.html.

[8] Andrés Oppenheimer, “Winners and losers at end of trade talks”, en The Miami Herald, 23 de noviembre de 2003, p. A12.

[9] Véase el relato de la maestra de escuela Coky Michel, que trató de expresar libremente su desacuerdo con el ALCA y fue brutalmente reprimida por las “fuerzas del orden”, según orientaciones del alcalde “Manny” Díaz: FTAA PROTESTS: Chaotic, forceful police muddy peaceful gathering, en The Miami Herald, 25 de noviembre de 2003, p. A21.

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